Es un término relativo sujeto a la concepción de la colectividad dependiente de factores sociales y culturales, que supone desde la perspectiva jurídica el alcance de la mayoría de edad donde el individuo es capaz de disponer de sí mismo y decidir sobre sus intereses, cuya función social y prioritaria no es asistir a la escuela, sino participar en la vida activa con el fin de alcanzar una independencia económica.
La persona adulta forma parte de una etapa dinámica y heterogénea caracterizada por el alcance de una madurez personal, mayor responsabilidad, estabilidad y autonomía en la que el individuo establece relaciones con otras personas desarrollando su empatía, es más consecuente con sus actuaciones y consciente de sus derechos y deberes en la sociedad.
Así mismo, también tiene una proyección de su vida en función de los valores y motivaciones adquiridas además de un aumento de racionalización en relación con sus etapas anteriores de niñez y juventud.
La persona adulta comprende una disminución de sus funciones físicas a mayor edad, sin embargo, su productividad intelectual no se deteriora hasta edades más tardías. No obstante, su capacidad memorística si se ve reducida al carecer de técnicas para recordar y puede gozar de una mayor experiencia que constituye un eficaz recurso pedagógico.

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