
La educación de personas adultas es un fenómeno clásico, ya que los chinos y hebreos inventaron el método del caso para describir una situación, los profetas describían esta vez una situación problemática y presentaban una solución, Sócrates frente a una situación llegaba a una solución, incluso los romanos que inventaron dinámicas y lanzaban desafíos.
En la Edad Media existieron dos modelos destinados a los adultos, el modelo laboral dedicado a los trabajadores y dirigido por las organizaciones gremiales y el modelo caballaresco destinado a educar a los adultos en la corte; además de otro modelo, el modelo clerical, destinado a los jóvenes y a la infancia.
En el siglo XVII encontramos a Comenio que defendió una educación universal a lo largo de toda la vida, y a Grundvitg, padre de la Educación de Adultos en los países nórdicos. Además, en plena Revolución Francesa, Condorcet, promotor político de la Educación de Adultos, defendió en su Informe y proyecto de decreto sobre la organización general de la instrucción pública una formación permanente, universal y equitativa.
En la I Guerra Mundial tuvo lugar una gran demanda formativa de adultos como consecuencia de nuevos intereses económicos y productivos.
En la actualidad, se configura un modelo de sociedad del conocimiento que requiere de un aprendizaje para todos a lo largo de toda la vida.
La legislación de Educación de Adultos en la administración del Estado distingue tres etapas: 1) La Educación de Adultos como alfabetización, cuyo único objetivo era enseñar a leer, escribir y hacer cuentas, 2) La Educación como oferta compensatoria, ofertando nuevas oportunidades a aquellos que por diversas razones no habían tenido la oportunidad de acceder a estudios primarios, secundarios o universitarios, 3) Una oferta educativa específica para las personas adultas, cuya finalidad es satisfacer las necesidades básicas de aprendizaje.

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